El discreto encanto de la burguesía bohemia

Jueves, diciembre 29th, 2011

El discreto encanto de la burguesía bohemia, con tufo a vino de góndola de supermercado.
Con éxitos en el bolsillo que usa de tarjeta de presentación.
Cargado a lo simplista con discurso complejo.
Relativista y fundamentalista.
Moderno.
Progresista.

Depresión de guata hinchada

Jueves, diciembre 15th, 2011

Los almuerzos debieran ser sagrados. Son los espacios donde uno muestra intimidad, deseo y emoción frente a un plato de comida que siempre, SIEMPRE tiene que llenar las expectativas. No pasa todos los días.

Tengo depresión de guata hinchada.

Mis 5+ discos favoritos por década (1950-1960)

Domingo, noviembre 20th, 2011

(1950)

  • Thelonius Monk – Brilliant Corners (1956)
  • Litle Richard – Here’s Little Richard (1957)
  • Joao Gilberto – Chega de Saudade (1959)
  • Miles Davis – Kind of Blue (1959)
  • Chuck Berry – Chuck Berry is on Top (1959)

(1960)

  • The Beatles – Abbey Road (1969)
  • Bob Dylan – Highway 61 Revisited (1965)
  • The Kinks – Kinda Kinks (1965)
  • The Beach Boys – Pet Sounds (1966)
  • Violeta Parra – Las últimas composiciones (1966)
  • 13th Floor Elevators – The Psychedelic sound of the 13th Floor Elevators (1966)
  • Love – Forever Changes (1967)
  • Pink Floyd – Piper at the gates of dawn (1967)
  • Jimmy Hendrix – Electric Ladyland (1968)
  • Leonard Cohen – Songs of Leonard Cohen (1968)
  • The Rolling Stones – Beggar´s Banquet (1968)
  • The Band – The Band (1969)
  • Bread – Bread (1969)
  • MC5 – Kick out the Jams (1969)
  • The Velvet Underground – The Velvet Underground & Nico (1969)
  • Neil Young – Everybody knows this is nowhere (1969)
  • Grand Funk Railroad – On Time (1969)
  • Led Zeppelin – Led Zeppelin (1969)
  • Chicago – Chicago Transit Authority (1969)
  • King Crimson – In the Court of the Crimson King (1969)

Luis Humberto, oriundo de Temuco

Miércoles, octubre 12th, 2011

Ya que no gané en el concurso de cuentos, lo publico en el blog… :P

1

Me di cuenta de mi angustia frente a la ventanilla del banco porque mis calurosos respiros nublaban el vidrio. Noté la piel roja overa, con unas manchas blancas que no sé de dónde me salen. Siempre que me agito es lo mismo…

Esa mañana en lo menos que debiera haber pensado era en eso, ahora me queda muy claro.

– ¡Entrégueme la plata o disparo! – dije a la cajera con pinta de alumna en práctica, bien buena en verdad, tratando de no subir mucho la voz. El banco estaba medio lleno; pero no me preocupaba la gente que estaba ahí: estafetas y oficinistas escapando de la rutina. ¿Quién va al banco un martes en la mañana?

Me llenaron nerviosamente la bolsa con la plata y me fui corriendo al auto donde la Nancy me esperaba.

¿Cómo te fue? ¿Algún problema? Venís colorado – Me dijo la Nancy en tono desesperado.

¡Aprieta cachete, Nancy! ¡Después me preguntai huevás! – Trataba de aparentar calma, pachorra, pero no lo estaba logrando. A pesar de eso, el auto partió y se metió por la calle más estrecha que había, tratando de pasar inadvertidos. Parecía que ya la cosa estaba lista…

2

¿Cómo está? – me preguntó de la nada. Me contuve, era tal cual me la habían descrito. Morena, de carita redonda, no era flaca pero tenía algo que me mataba de ganas de sacarla de ahí y agarrar esas caderas que se contoneaban frente a todos.

Bien, doña Nancy – respondí. Seco, parco, evitando mostrar esa debilidad que sentía. Mal que mal era la esposa del dueño, y si me pillaban echándole un ojo encima no les iba a temblar la mano – ni a él ni a ella – para sacarme de un ala de ahí.

Hacía tres años que trabajaba en esa notaría y ya me había ganado el respeto de don Sergio. No me podía dar el lujo de perder esa pega, ya me habían subido una vez el sueldo y la gente en Temuco que me conocía sabía que yo trabajaba con un abogado importante de Santiago. Ya no era el Lucho a secas, menos Luchito; ahora era Luis Humberto, y me gustaba que me dijeran así. Se sentía el respeto, la distancia natural entre el pelafustán cualquiera y el que es “alguien”.

Yo llegué ahí recomendado por una tía que había sido nana de él en Temuco, la tía Herminia, que en paz descanse. “Te voy a dar la oportunidad, muchacho, en recuerdo de tu tía, que fue tan fiel con nosotros”, me dijo mi jefe, con un tono bonachón que sacaba en pocas ocasiones. Caí parado…

Me sudaban las manos mientras tomaba las cajas al lado de las máquinas de escribir y miraba de reojo a la oficina de don Sergio, un cajón de vidrio con las persianas abiertas, mientras su esposa algo le reclamaba abriendo las manos, echando fuego por los ojos y gritando algo que ninguno fuera de esa oficina alcanzaba a escuchar.

Hace rato que tienen estas peleas, Luis Humberto. No te sorprendas tanto – me salpicó la Sra. Gutiérrez, una vieja relamida  que tipeaba tan rápido como sus añejas manos le permitían en una máquina Underwood tan antigua como ella.

No me meto en peleas de casados, Sra. Gutiérrez. Mejor ni me cuente – miré nuevamente la oficina, admirando en secreto a doña Nancy, y de refilón ella me dejó caer una sonrisa que me hizo temblar de nervios y miedo. Yo sabía que don Sergio la trataba mal, que no le daba lo que ella merecía, que tenía otra mujer y que le importaba un carajo que se supiera. Yo le devolví un esbozo de sonrisa, sin asco.

Volví a mi casa ese día con esa imagen dando vueltas. La sonrisa de una mujer que se sabe con el derecho a vivir como una reina, amarrada sin embargo al hombre que la sacó de la pobreza, como si un favor le debiera. Abrí una botella de vino.

3

Un día, en pleno verano, me pidió que le fuera a ayudar con unos muebles.

Estaba sola, con un vestido mini muy escotado, y me ofreció hasta un trago. Para cuando había terminado el vaso, estábamos revolcándonos en la alfombra de la pieza de invitados. Era más hermosa desnuda que vestida. Sus pechos eran perfectos, apuntaban sus pezones al cielo imitando a  los zapatos de los duendes, me reí mientras imaginaba eso. Ella se rió conmigo.

4

La miré a contraluz desde la cama desordenada. Tenía puesta mi chaqueta sin nada debajo. Sus piernas se veían hermosas mientras jugaba con el reflejo de la luz en mi reloj. Me miró y sonrió.

Llevábamos tres meses juntándonos en ese motel de Bandera. Y la rutina era siempre la misma: ella entraba en el auto hasta la habitación que elegía, yo la seguía a pie.

– ¡Sácame de Santiago, vámonos juntos a Temuco! – me dijo casi suplicándomelo, de golpe.

– Nancy, tu sabes que no tengo plata, dependo de la pega y no tengo nada ahorrado – respondí creyendo que, como siempre, eso bastaría para calmarla, que haríamos el amor por última vez y volvería a mi casa como todas las tardes de martes, solo.

– Ya no puedo seguir haciendo esto. No quiero volver a mi casa. Tú sabes que yo tengo dinero, ese no es el problema – siguió, porfiada.

– ¡Si, lo es! La plata es de tu marido. – respondí alzando la voz. El mantenerme por mi mismo era algo que no transaría, si ella era mi mujer se iba con mi plata, no había otra opción. La abracé evitar que siguiera hablándome del tema. – Algo haremos, te lo prometo –

– Volvamos a la cama, ya estamos por cumplir la hora – le dije suavemente

5

Sergio Eusebio Reyes Carrasco, ese era el nombre completo del notario de cuya esposa me había enamorado. Era un buen tipo, pero yo me había hecho la idea de que no me pareciera así. Era simple, me llevaría a su mujer. No íbamos a ser amigos.

– ¡Lucho, venga! Ayúdeme con estas cajas – Refunfuñó con mala cara, sudando como si hubiera 30 grados… pero eran las 7.30 de la mañana y corría una brisa fría del sur, como de primavera. Siempre andaba pegajoso el hombre. La presión, decía…

De pronto entraron dos tipos a la notaría, estábamos solos con don Sergio. Nadie llegaba hasta las nueve.

– ¡Reyes, deja de hacerte el huevón! ¡Te vamos a matarte, tenís que pagarle la plata a Millar! – gritó el más grande de los dos. El otro me miraba con cara desconfiada y me apuntaba con un cuchillo a la altura del cuello.

Vos, huevón. ¿Qué mirai tanto? – me increpó, con una mirada que me dejó helado.

– ¡Déjalo tranquilo, Pipa! El cabro no sabe nada y no tiene nada que ver. Tú sabís que le voy a pagar a Millar, pero no he ido porque estoy esperando una entrega… Dame hasta el jueves de la otra semana, yo lo llamo y le pido el plazo – la tranquilidad de don Sergio era tan escalofriante como la pistola que le apuntaba a la cara.

– Hasta el jueves, llama a Millar. Él me va a decir si te aguantó o no el plazo. – se rió al final de esa frase moviendo la pistola de arriba a abajo casi con espasmos. Yo no podía pensar en otra cosa más que maldecir mi suerte por estar ahí.

Se fueron sin decir nada, cerrando la puerta de vidrio. Miré a don Sergio y él estaba serio. Como si se hubiera detenido el tiempo con ese portazo. Esos segundos fueron eternos y me pareció haber estado horas mirándolo a los ojos.

– Mira, huevón. Paremos este jueguito – fue lo primero que dijo mirándome a los ojos.

– Lo que viste es la verdad de esta notaría, nadie es quien dice ser – murmuró

– No se preocupe, don Sergio. Yo soy de confianza – le dije tratando de componerme y de salir de esa situación que me tenía los pelos de punta.

Su cara cambió de repente. Se rió despacio, tiritando y tosiendo atragantado con las palabras que no le salían. Le toqué la espalda queriendo ayudarle.

– ¡Sácame las manos de encima, carajo! – reaccionó inmediatamente manoteando y empujándome contra una de las cajas, caí sentado en ella y quedé mirándolo hacia arriba. En ese instante, su risa se agotó.

– Hace un mes que la Nancy no vive conmigo, ¿sabías? –

– No tenía como saberlo, don Sergio – respondí lo más frío que pude. Pero el nudo de saliva que tragué era tan grande y ruidoso que creo que mi actuación fue penosa.

– ¡Deja de hacerte el huevón conmigo, no estoy de ánimo para tus finezas huevonas de campo! Ustedes me están viendo la cara de imbécil hace mucho… ¿Acaso la Nancy no te contó que está viviendo en un hotel del centro hace un mes? –

– Don Sergio, no es lo que usted… – metió la mano en el cajón del escritorio y sacó un revólver de esos de las películas de vaqueros apuntándome a la cara.

– Debiera matarlos a los dos – dijo pasivamente. Mientras yo tiritba, me miró fijo, la guardó en su cajón y dio media vuelta… Casi me meo ahí mismo.

6

Parado en la puerta de ese hotel sentía la sangre hirviendo. La rabia con la Nancy me tenía descontrolado. Caminaba de un lado al otro como león en jaula.

– ¡Luis, qué bueno que viniste tan rápido! – dijo relajada.

– Sergio sabe, Nancy – le dije sin anestesia posible. Quedó fría y se sentó en una silla al lado de una mesa de centro.

– Y ya no estás con él – no la dejé terminar de absorber mis palabras anteriores, no quería que tuviera demasiado tiempo para pensar. Lo que le diría no sería tan fácil.

– No me interesan tus explicaciones, Nancy. Me interesa que sepas lo que pasó esta mañana en la notaría – le conté cada detalle de esa mañana. Cada una de las palabras desfiguraba más su cara. Ella no tenía idea de las deudas de su marido y sus vínculos con los prestamistas le sorprendían ya que había mantenido su matrimonio vivo sólo por las ventajas económicas. Ahora no valía la pena el asco que había sentido los últimos dos años. Pero mis últimas palabras fueron las que más la sorprendieron haciéndola llorar desconsolada al terminar de explicarle el precio de su traición.

– ¿De dónde vamos a sacar 85 millones de pesos? – se preguntó en silencio para que nadie en ese hall la escuchara.

– Vamos a tu cuarto, ahí veremos cómo y me terminarás de convencer de las razones de no contarme tu “distanciamiento” de Sergio –

7

¡Aprieta cachete, Nancy! ¡Después me preguntai huevás! – Trataba de aparentar calma, pachorra, pero no lo estaba logrando. A pesar de eso, el auto partió y se metió por la calle más estrecha que había, tratando de pasar inadvertidos. Parecía que ya la cosa estaba lista…

El auto iba rápido y sonaba el tubo de escape que se había descolgado en la primera salida de la acera. Teníamos una bolsa llena de billetes de 20 mil pesos que seguro sumaban más de 100 millones. Sólo teníamos que llegar a la bodega de Franklin y entregar el auto. Nos iban a estar esperando Millar y Sergio con un auto nuevo.

– Separa la plata, Luis. Separa lo que tenemos que devolver y esconde el resto – me dijo la Nancy con una calma que me hacía sentir como un profesional.

Hice los montones y dejé el bolso con los 85 millones y unos pocos billetes más para que no se dieran cuenta que habíamos contado la plata en el camino. Nos quedaron 27 millones libres más lo que nos fueran a dar. Estábamos listos para empezar una vida nueva y olvidarnos del incidente.

Miré a Nancy a la cara y sus ojos brillaban. La besé apasionadamente tratando que no se desconcentrara del volante.

– Te amo – le susurré al oído.

8

– Al fin llegan – gritó Sergio saliendo de la bodega 14 con un sombrero horrible de paja que estaba húmedo con su transpiración grasienta.

Millar era un tipo alto, tenía una chaqueta blanca y una cadena de oro que brillaba sobre una camisa negra. Aunque no lo hubiera conocido hubiera sabido que era un narco o un cafiche, me reí en el auto antes de bajarme tratando que no se notara.

Nos metimos a la número 14 y Millar cerró la puerta encendiendo las luces fluorescentes que iluminaban desde los lados una bodega que era más grande de lo que parecía.

Sergio tomó una pistola y me apuntó al cuerpo.

– ¡Pásame la bolsa, negro de mierda! – me gritó y por primera vez lo vi descontrolado. Tiré la bolsa faltándome fuerza para que le llegara a las manos. Traté de no mover ningún músculo de la cara para no intimidar ni molestar a ninguno de los dos. Mientras tanto, Millar miraba a la Nancy y ella trataba de evitarlo. Sergio dejó la bolsa en el mismo lugar.

– Millar, cuenta la plata, si falta algo se lo sacamos a balazos a este huevón. –

– Está toda la plata que sacamos, es más de lo que dijiste. Ya déjanos ahora que cumplimos lo que nos pediste, ya pagamos tu deuda y la plata está limpia – le dije envalentonándome y tratando de cerrar el trato para que bajaran las pistolas y se acabara luego todo.

– No es tan fácil, Luis. Pásale el resto de la plata, no te hagas el loco – habló la Nancy saliendo de la mira de las pistolas. Caminó hacia Millar y el narco le besó la mano sacando la lengua con un piercing del porte de un aro de perla. Ahora nada tenía sentido, el viejo Sergio sudaba como un marrano y su esposa, mi querida amante, estaba abrazada del tipo con pinta de chulo. Ahora sólo me apuntaban a mí.

– Pe.. Pero, la plata está en el auto – dije tartamudeando y con un nudo en el estómago. Sentía ganas de vomitar.

Nancy abrió la puerta de la bodega y salió a buscar la bolsa con el dinero que faltaba.

– La Nancy no tiene que ver en esto – dijo Millar y disparó a la cara de Sergio Reyes que cayó tambaleándose y rebotando en el suelo.

Millar me miró y me preguntó si me gustaría salir vivo de ahí. Moví la cabeza tratando de mantenerme calmo, pero mi respiración me delataba. El viejo Reyes estaba ahí tirado con media cara. Miré de reojo el cadáver. Sentí cómo me brotaban las manchas rojas.

– Siempre es mejor no dejar testigos, lo siento – se respondió, sin esperarme.

La Nancy entró con la bolsa y Millar levantó la pistola. Ella se tapó un lado de la cara para no ver al muerto.

– No lo matís, mejor. Amárralo a la viga, márcale la pistola con las huellas. Así despistamos. Rápido, para que nos vayamos – le dijo la Nancy a Millar tomando el control.

No atiné ni siquiera a correr, estaba alelado viendo como ella fingía que casi no me conocía. No me miraba directo ni me hablaba. Fui un estúpido, caí en su juego e hice cada una de las cosas que se suponía haría. A lo mejor me merecía mi destino. Como decían en mi tierra, eso me pasa por huevón. Ni siquiera abrí la boca cuando me amarraron.

9

- Y así están las cosas, caballero. El abogado de la Defensoría Pública no pudo acreditar mis declaraciones, ni demostrar los vínculos de Reyes con los narcos. Intento de robo, dijeron. La vieja Gutiérrez me puso la lápida testificando que yo miraba con ojos largos a doña Nancy, cuando la señora nunca le dio la pasada a nadie porque era una mujer decente y agradecida… La viuda, por su parte,  se las lloró todas y después salió del país hasta el día de hoy…Usted pus, don Carlos, que es de la prensa, que tiene contactos, puede investigar un poco más y destapar la olla, tratar de ayudarme con la sentencia que me tiraron, perpetuo calificado. Por el ensañamiento, dijo el magistrado, refregando que al viejo hubo que hacerle pericias dactilares para reconocerlo. Premeditación y alevosía, dijo el fiscal. Me jodieron, nomás. Y yo que me creía tan bacán…

- ¿Cómo me dijo que se llamaba, amigo? – el periodista es de la tele, tiene zapatos nuevos, de esos caros, no de multitienda. Dicen que va a hacer un programa como no se ha visto en Chile, un “docurally” o “docu-really”, no entiendo bien el nombre… Tiene una voz arrastrada, como opaca. Usa una barba flacuchenta, y se le nota la pelada con el sol… – ¿Lucho cuánto?

- Soy Luis Humberto, señor. Luis Humberto Zapata Galleguillos, oriundo de Temuco, no se olvide.

Canciones y nieve

Domingo, agosto 21st, 2011

Nevó en Santiago… bien vale hacer una lista de música para nevazones repentinas.

1- By tor and the snow dog – Rush – La épica historia basada en dos perros de un roadiee la banda (WTF).

2-Don’t eat the Yellow Snow- Imaginando el porque no comer esa “nieve amarilla” (puaj) menos si es meada por Frank Zappa.

3- Winter Lady- Canción perfecta para una fémina fría como la nieve… Leonard Cohen.

4-Snowblind- Una canción para una “nieve” no muy santa que Sabbath usaba para “inspirarse”

5- Angel in the snow- Elliot Smith nos bajonea acercándonos al frío que siente queriendo acercarse a alguien que es demasiado perfecta para él.

Mención especial: Let it snow… versión Final Duro de Matar… Navidad y balas.

 

 

Del sabor de las festividades

Miércoles, agosto 10th, 2011

Cada día que pasa me pongo más viejo, es es innegable. Y aunque aún soy un pendejo pre-treintañero me creo conocedor de las verdades existenciales más profundas que alguna vez se preguntó el ser humano.

No tengo hijos, no he escrito un libro y lo único que he plantado es tomillo, menta y cizaña en casos muy puntuales. Por lo tanto, no he vivido una puta experiencia real más que estar en pareja y ser feliz con eso.

Pero una de las actividades de adulto que ya no me gustan son las festividades. El mirarse las caras por el simple hecho de existir o co-existir en hábitats coincidentes. Me gusta celebrar con la Andrea, de eso no hay duda. Eso si lo disfruto, pero mi familia más lejana ya no es pretexto para celebrar nada. Ni amigos lejanos a los que les interesa que esté de acuerdo con sus ideales burgueses y del status quo que se juntan a chupar y hablar de lo mal que está todo sin hacer nada por nadie. Prefiero hablar de música, de películas y comer rico con amigos que si están interesados en lo que me pasa (o si no lo están, no tienen empacho en decirme lo ocupados y chatos que viven). O con la familia que me quiere y que tiene cosas en común conmigo…

Sumando eso, puede que sea igual de apático que a los 18 años. Pero eso si, las fiestas son para celebrar, no para aparentar estar vivo. No transaré eso. Porqué saco esto a colación… porque se vienen las “festividades” y no me esforzaré por parecerle bien a nadie.

Cada uno se redime como mejor le parece, ¿o no?

Los 20+ mejores discos de mi historia.

Miércoles, julio 13th, 2011

He aquí una lista de mis mejores discos (que he escuchado, y mucho).

Sin orden de importancia.

  • The Beatles – Abbey Road (1969)
  • Pink Floyd – Dark Side of the Moon(1973)
  • Stevie Wonder – Innervisions (1973)
  • Radiohead – OK Computer (1997)
  • Queen – Queen II (1974)
  • Nirvana – Nevermind (1991)
  • Black Sabbath – Master of Reality (1971)
  • David Bowie – The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars (1972)
  • Metallica – Master of Puppets
  • Bjork – Post (1995)
  • The Beatles – White Album (1968)
  • Crosby, Stills, Nash & Young – Deja Vu (1970)
  • The Velvet Underground – The Velvet Underground & Nico (1967)
  • Genesis – Foxtrot (1972)
  • Sex Pistols – Nevermind the Bollocks, Here are the Sex Pistols! (1977)
  • Rush – 2112 (1976)
  • Jeff Buckley – Grace (1994)
  • The Beta Band – Heroes to Zeroes (2004)
  • Zero 7 – The Garden (2006)
  • Soundgarden – Badmotorfinger (1991)
  • Led Zeppelin – IV (1971) *casi asesinado mentalmente por Racuna al no ponerlo…

Superman, el Dios Interventor

Sábado, julio 2nd, 2011

El concepto del humano supremo es el pilar fundamental del comic de superhéroes. La facilidad de lograr lo imposible es un sueño realizado en las páginas entintadas por ingenuos creativos que nos inspiran las más grandes aventuras y las luchas más extravagantes.

Superman es el más importante de los héroes de historieta y es fantásticamente llevado a la pantalla grande por RIchard Donner en 1978.

La dualidad del héroe es interpretada por Christopher Reeve, el único Superman válido ante los ojos de millones, dándole toques heroicos, cómicos y galanescos a un ser supremo e indestructible. Esa misma premisa es la que quiero ahondar en este post.

Superman es invencible, un extraterrestre con el poder de supeditar al ser humano a su voluntad, el decide que no. Decide apoyar “el bien” en el concepto de la sociedad norteamericana de fines de los 70 en una Nueva York ficticia.

Pero en esa joya cinematográfica, Superman es un héroe  que ajusta su vida a sus poderes. Un héroe que no se mezcla lo suficiente, es un alien. Su lejanía es causada por el miedo a ser descubierto, el miedo a destruir lo amado y alterar su entorno convirtiéndolo en un héroe tangible, quitándole su estampa de Dios. Si se acerca demasiado pierde lo que lo hace quien es.

Observen la escena más clara de su decisión, la forma en que salva a Lois Lane retrocediendo el tiempo. El decide contra la voluntad de su mandato utilizar su poder para beneficio propio. Salva a Lois, pero no detiene los hechos que causaron su muerte, simplemente no la deja enterarse de su destino. Lo reescribe.

Es una apología a la frustración de la fé. Un Dios inexistente que deja al libre albedrío nuestro destino, dejándonos sufrir, morir y matar. Superman no, él actúa. Cumple su promesa e interviene echándose el libre albedrío y el destino al bolsillo, es el padre que el hombre anhela. El protector.

Pero no nos hace adorarlo, su omnipresencia es activa vigilando desde el espacio a la raza que le asignaron y a la cual le tiene respeto y un cariño paternalista, a la cual deja actuar. Como en la escena final.

La banda sonora de mi vida

Domingo, junio 26th, 2011

4- Serenity Painted Death (Opeth): Esta banda sueca me acompañó durante todos mis viajes desde Chillán a Concepción y de vuelta durante por lo menos 6 meses en la U. Serenity Painted Death era mi canción favorita del Still Life, un discazo de la banda. Me despertaba en las mañanas y me ayudaba a dormir en las tardes (porque el death metal, al contrario de a la mayoría, me relaja) con sus tintes graves y densos.

5- Fueron (Fother Muckers): Esta fue una canción de la suerte para @lunainvisible. Durante nuestro pololeo ella postulaba a Claro. Y a cada entrevista yo la acompañaba y ponía la misma canción al principio mientras la esperaba. Finalmente ganó. No por la canción, obviamente. Pero quedó como un bonito recuerdo.

Mis 5 canciones favoritas: Heavy Metal

Miércoles, junio 22nd, 2011

K.K. Halford (L-R) K.K. Downing and Rob Halford of the band Judas Priest perform on stage at the Brisbane Entertainment Centre on September 10, 2008 in Brisbane, Australia.Toda mi vida el heavy metal me ha acompañado. No soy metalero empedernido, muy por el contrario. Pero creo que los riffs son necesarios y demasiado necesarios en la vida musical, tanto como un arpegios, teclados, bajos virtuosos, etc. Cada uno en su estilo.

Encasillaré el heavy metal entre el 77 y la actualidad, son necesarias las voces operáticas y los riffs potentes. Nada de hard rock, power metal, thrash o demases.

Por eso, definiré mis 5 canciones favoritas del heavy metal.

1- Children of the Sea (Black Sabbath/Heaven and Hell): Ronnie James Dio es implacable. La canción es perfecta, el arpegio épico crea una atmósfera folk/metal que con la voz de Dio expresa la tristeza de la pérdida del sol guía los pasos del hombre. El riff grueso y pesado y el alarido magnífico combinan de manera precisa cerrando en un coro magistral. Simplemente avanza y quita los seguros de todas nuestras puertas (citando la letra). Una obra maestra.

2- Hallowed be thy name (Iron Maiden): Esta canción debieran enseñarla como la pieza magistral del género a los niños de primero básico en clases de apreciación artística. Es una torre donde vas subiendo en intensidad a cada escalón, en un juego perfecto. En vivo debe ser para llorar…

3- Painkiller (Judas Priest): Me cuesta decidirme por alguna canción de Judas Priest. Hay muchos himnos. Pero la verdad es que Painkiller es un bombazo de 100 megatones que te encanta o lo odias. La mejor canción del estilo speed-heavy metal, sin duda.

4- Detroit Rock City (Kiss): Pachanga pura. La canción perfecta para escuchar una mañana antes de salir para agarrar ánimo y partir un día como corresponde. Pedazo de canción de una de mis bandas menos favoritas.

5- Perry Mason (Ozzy Osbourne): Es simple, una de mis canciones favoritas de la vida, la mencioné en el post anterior y DEBO repetirla.

Mención honrosa: Temple of the Dead (Nocturnal Rites): Una canción rápida, épica y con un vozarrón/riff de volarle la cabeza a cualquiera. Ojo con el intermedio más explosivo de la historia.

Sé que es una lista que a muchos no dejará contentos, pero invito a la construcción cooperativa. Total, sobre gustos no hay nada escrito.

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